El Templo de Vesta, uno de los principales monumentos de Roma

Si eres un amante de la historia y de los destinos en los que vislumbrar los vestigios de civilizaciones pasadas, casi con total seguridad no exista mejor lugar para ti que Roma. Cargada de monumentos milenarios, la Ciudad Eterna es un no parar de experiencias históricas: el Coliseo, las Termas de Diocleciano, las catacumbas de San Calixto o el Templo de Vesta son solo algunos de los monumentos de Roma que no te puedes perder.

Sobre este último, el Templo de Vesta, es sobre el que vamos a hablar hoy, ya que es uno de los puntos más populares de la capital italiana, cuya historia y características lo convierten algo completamente único. Si estás preparando tu viaje a Roma y quieres conocer más sobre este templo o si simplemente tienes curiosidad sobre el mismo, sigue leyendo y te contamos todo lo que debes saber sobre el Templo de Vesta.

Información para visitar el Templo de Vesta

  • Ubicación: Via dei Fori Imperiali, Roma.
  • Cómo llegar: Puedes hacerlo a través de una visita guiada por el Foro Romano o bien a través de los siguientes medios de transporte
    • Autobús: 51, 75, 81, 85, 87, 118.
    • Metro: línea B
  • Horario: El Foro Romano está abierto todos los días, de 9:30 a 19:15 hs. La última admisión es a las 18:15 horas, una hora antes del cierre.

¿Qué es el Templo de Vesta?

Este es uno de los templos más antiguos de Roma. Construido en forma circular, su edificación tuvo lugar en el siglo VII a. C. en honor a Vesta, la diosa romana del corazón y del hogar. Su importancia en la antigua Roma era enorme, ya que se lo consideraba un símbolo de la seguridad de la ciudad. Esto era así debido a que dentro se encontraba custodiado el fuego sagrado en honor a Vesta que, según la cuenta la leyenda había sido llevado a la ciudad por Eneas desde Troya. Para custodiar este fuego se encontraban las Vestales, jóvenes cuyo valor era primordial en el templo.

Visita guiada por el Coliseo, Foro y Palatino y Templo de Vesta
Coliseo, Foro y Palatino + Arena de gladiadores
Coliseo Subterráneo + Foro y Palatino y Templo de Vesta

Las Vestales

Las Vestales eran mujeres jóvenes y de gran belleza, hijas de familias patricias (es decir, descendientes de las primeras treinta curias de Romas) cuya misión principal era la de mantener vivo el fuego sagrado, aunque su importancia dentro de la sociedad romana era infinitamente mayor.

La historia de estas jóvenes comenzaba al nacer, cuando se las elegía para ocupar este puesto de sacerdotisa y eran separadas de su familia. Permanecían al servicio de la diosa Vesta durante 30 años: durante sus primeros 10 años de vida se dedicarían enteramente a aprender todas las tareas y responsabilidades de su puesto, los siguientes 10 años se dedicarían a llevar a cabo dichas tareas y los siguientes 10 años tendrían la misión de enseñar a las novicias todo lo que habían aprendido y aplicado en los 20 años anteriores.

La importancia de las Vestales era tal, que su status social era realmente elevado. Podemos encontrar muchos ejemplos de esto: contaban con una sección privilegiada en el Coliseo, podían testar incluso aunque sus padres todavía estuvieran con vida, podían absolver a condenados a muerte bajo ciertas condiciones y eran las únicas, además del emperador, que podían ir por la ciudad con vehículos con ruedas. Todo esto, además de otra gran cantidad de honores y privilegios, hacían de una Vestal una de las personalidades más reconocidas e influyentes de la antigua Roma.

El lado amargo de ser una Vestal no era solo el ser apartada de su familia al nacer. También estaban obligadas a permanecer célibes bajo pena de lapidación o, más tarde en el tiempo, enterramiento y decapitación con vida. Además, si la llama se extinguía, la Vestal que estaba de responsable en ese momento era azotada.

Templo de Vesta

Conociendo la arquitectura del Templo de Vesta

Comparado con la imponente arquitectura de los alrededores, el Templo de Vesta llama la atención por sus pequeña dimensión. Esto tiene su origen, de acuerdo a diversas fuentes, en su antigüedad: su forma redonda se remonta a las simples chozas de paja del primitivo asentamiento romano. Así, asumiendo que una de estas chozas servía como uno de los primeros sitios de culto, se decidió conservar dicha estructura.

El estilo arquitectónico del templo responde al antiguo estilo griego tholos, que se caracteriza por su forma circular. Se cree que adquirió este estilo entre los siglos III y II a.C, aunque aparece representado por primera vez recién en el siglo I a.C. en diversas monedas romanadas. En los siglos siguientes se realizaron una serie de modificaciones estructurales. 

Debido a su importancia central, el templo fue decorado cada vez de forma más magnífica, aunque siempre conservó su fisonomía distintiva original.

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¿Cuáles eran las funciones del templo?

Como comentábamos anteriormente, las principales funciones del Templo de Vesta eran el culto de Vesta y el cuidado del fuego sagrado en honor a esta diosa.

Pero la cosa no se quedaba ahí, ya que el templo también se usaba para almacenar objetos sagrados, ya que se creía que mientras estos objetos se mantuvieran a salvo, Roma también lo estaría. Algunos de estos objetos fueron las estatuas de los Penates o el Palladion, una imagen de culto de Pallas Atenea. Tanto las estatuas como la imagen de culto fueron llevadas a Roma tras ser rescatadas del incendio de Troya. Una cavidad en el podio del templo podría haber servido como área de almacenamiento para estos objetos de culto. 

Esencial para la protección de estos objetos sagrados era el interior aislado y el acceso restringido al templo; sólo el sumo sacerdote de Roma, el Pontifex Maximus, y las vírgenes vestales podían entrar en el templo. 

El templo también se utilizó como archivo para almacenar documentos importantes, como testamentos y contratos, especialmente cuando se suponía que el contenido de dichos documentos no atraería la atención del público con demasiada rapidez.

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Ruina y reconstrucción

La presentación moderna del Templo de Vesta, con su muro de cella de mármol parcialmente reconstruido y las columnas que se encuentran frente a él, nos da una buena impresión del antiguo esplendor de este edificio. 

A primera vista, no es fácil distinguir qué elementos estructurales son originales y cuáles son adiciones modernas; las adiciones pueden identificarse principalmente por diferencias en el color del material. Una vez que uno se da cuenta de este hecho, se hace evidente que el templo real solo ha sobrevivido en muy malas condiciones. Solo algunas de las columnas, parte del entablamento con un friso de objetos de culto y elementos de la pared de la cella son originales; la mayor parte de lo que se ve en la actualidad es un producto de la reconstrucción parcial del templo que tuvo lugar en los años 30 del siglo XX.

Más allá de su estado de conservación, es posible tener una buena impresión de las dimensiones generales del templo mirando la base (todavía visible hoy), que está compuesta de opus caementicium (algo así como el hormigón romano) y tiene un diámetro de alrededor de 15 m. Una subestructura parecida a un podio descansaba sobre los cimientos. En la parte superior de los cimientos se encontraba el templo redondo real, que estaba rodeado de columnas y tenía un techo cónico.

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